A pesar de no haber sido nunca las protagonistas que leemos en los libros ni vemos en las películas, Vietnam no hubiese logrado ser “el país que no se dejó conquistar por nadie”, de no haber sido por sus mujeres.

Desde las estudiantes de las grandes ciudades, hasta las aldeanas más humildes se convirtieron, de la noche a la mañana, en valerosas mujeres guerreras que lucharon por la independencia de su país. En los hospitales del norte o las guerrillas en las selvas del sur, las vietnamitas lideraron una parte importante de la resistencia, tanto en las batallas políticas como en las militares

La Historia le debe a las vietnamitas un lugar destacado en sus páginas, mucho antes de la guerra contra los Estados Unidos, el país asiático ya contaba con grandes guerreras que jugaron un papel crucial por la defensa del país. De algunas de ellas ya hemos hablado en nuestras redes sociales, como “Las hermanas Trung Nhi y Trung Trac”, que en el siglo I lideraron la revolución contra la dinastía Han.

Sin irnos tan lejos en el tiempo, tras los acuerdos de Ginebra en 1954, el país se dividió en dos, el norte capitalista y el sur comunista, pero el papel de las mujeres tuvo la misma importancia que antaño. En el norte sus actividades se centraron en la reconstrucción de edificios, el cuidado de los heridos, el entierro de los muertos y el cultivo de alimentos para mantener a la población. En el sur su papel fue más bélico, liderando la revolución de las zonas rurales y urbanas llegando a ser el 40% de todas las tropas.  Contaban con más de cincuenta escuadrones compuestos únicamente por mujeres y muchos pelotones de guerrilleras en zonas montañosas y rurales. ¿Cuántos países del mundo podrían presumir de este número, y más aún en los años sesenta?

 

Las fuerzas armadas de mujeres que combatieron en las guerras del sur se conocieron como “El ejército del pelo largo” descritas en la época como “Un grupo de combatientes lo suficientemente astutas y valientes como para aterrorizar a los enemigos. En contraposición al armamento de ultima generación de los estadounidenses las armas de las vietnamitas eran tan solo palos afilados de bambú y utensilios de cocina como cuchillos usados. Por si esto no fuese poco, como su afiliación al ejercito era voluntaria las mujeres vietnamitas ni si quiera recibían un salario por su valeroso trabajo.

Tras los combates de abril de 1975, la guerra finalizó dejando un sabor agridulce en la población. Dulce por el ansiado final y su consiguiente unificación política y territorial. Pero un sabor muy agrio por las numerosas bajas civiles, centenares de miles de huérfanos y las secuelas que aún hoy perduran por los agentes químicos usados durante la contienda.

En nuestro próximo viaje a Vietnam conoceremos de primera mano a esas valerosas mujeres que lo dieron todo por su país, su cultura y su tradición. Un viaje especialmente diseñado para mujeres culturalmente inquietas que viajan solas y quieren hacerlo en compañía de mujeres viajeras. ¿Te vienes con nosotras?