Tenían distintas procedencias y distintos estilos, pero un anhelo común: contar la guerra de Vietnam. La guerra entre EE.UU. y el país asiático fue el primer conflicto armado que permitió acreditarse a reporteras. Y lo aprovecharon. Unas 230 mujeres estadounidenses se acreditaron para cubrir la guerra de Vietnam, según datos de la exposición Reporting Vietnam en Washintong. Y éstas fueron solo las norteamericanas ya que los organizadores no tienen datos sobre la cobertura llevada a cabo por parte de mujeres de otras nacionalidades.

No todas eran periodistas. Algunas empezaron siendo militares o enfermeras. Algunas eran mujeres de negocios que importaban telas de Asia y viajaban con frecuencia a aquel mercado. Otras fueron “consortes” de destacados corresponsales en la zona, que decidieron salirse de su rol de “acompañante” para dar constancia de aquel momento único en la historia.

La investigadora californiana Virginia Elwood-Akers lo explica en su libro Women War Correspondents in the Vietnam War, 1961-1975. Para ella estas mujeres tenían a primera vista poco en común: “Sus estilos personales van del estilo masculino de Dickey Chapelle, decidida a ser un marine más, al estilo elegante de Michelle Ray, que se adentraba en la selva envuelta en perfume Miss Dior. Sus ideas políticas cubrían el espectro desde el ferviente anticomunismo de Philippa Schuyler o el ferviente marxismo de Madeleine Riffaud. Algunas eran defensoras de un tipo de periodismo que no admite opiniones personales; otras escribían con un estilo dramático y emocional que rozaba la ficción. Sin embargo, de alguna manera, eran parecidas. (…) Todas compartían la experiencia de ser mujeres en un mundo de hombres

La actitud que éstos propiciaban en general era desalentadora. Querían protegerlas, escoltarlas, se preguntaban cómo se las arreglarían con su higiene personal. Para muchas mujeres esas preocupaciones eran banales y demostraron estar a la altura de las circunstancias pues, pese a las trabas que encontraban, tuvieron un papel importante en la guerra. Desgraciadamente, a pesar de la relevancia en número y en artículos publicados, su labor no es muy conocida en los países de habla hispana donde apenas hay traducciones de sus libros. En algunos casos ni siquiera trascendió su labor en EE.UU. La excepción quizá sea Martha Gellhorn, a la que se suele recordar por haber estado casada con Ernest Hemingway más que por su carrera periodística.

Se vieron inmersas en un mundo concebido para hombres. Tenían orígenes y objetivos distintos, pero un anhelo común: contar la guerra de Vietnam. Unas desde la política, otras dede la acción y otras desde el aspecto humano.

Como ella, muchas otras se convirtieron en reporteras de la noche a la mañana. Y empujadas por la curiosidad o por las circunstancias, la mayoría de ellas realizó un gran trabajo. Como Michèle Ray, una francesa de 28 años que trabajó como modelo de Chanel y piloto de carreras y que acabó cubriendo operaciones especiales para France Presse. O Jurate Kazickas, que participó en un concurso de televisión para conseguir los 500 dólares que necesitaba para comprar un billete a Saigon y una vez allí registrarse como freelance.

Buscaban distintas cosas. A unas les interesaba la acción; a otras como Georgie Annie Geyer o Elizabeth Pond querían explicar el lado político de la guerra. Otro grupo prefirió hablar de los estragos de la guerra sobre los civiles, como Marina Warner, esposa de William Shawcross corresponsal del Sunday Times, que se dedicó a informar para el semanario The Spectator sobre los huérfanos que estaba dejando la guerra.

Un interés parecido tenía Linda Grant Martin. Ella ejercía como periodista en Newsweek cuando llegó a Vietnam con su marido Everett Martin, editor en Saigón de la misma revista. Ella optó por dar a conocer a las mujeres de uno y otro bando. Enfermeras, líderes de comunidades vietnamitas y aldeanas que encontraba en sus viajes protagonizaron sus reportajes, que ganaron premios como el Mary Hemingway.

Mujeres soldado en Vietnam

Martha Gellhorn o Frances FitzGerald tampoco se interesaron por el día a día en las trincheras, sino por destapar los aspectos negativos de la implicación americana en Vietnam. El lago en llamas, libro firmado por Fitzgerald tuvo un enorme éxito.Alternando reportajes y crónicas sobre el terreno, informa de la corrupción de los políticos vietnamitas y de la ignorancia del Gobierno estadounidense sobre el país atacado, así como sobre sus intenciones imperialistas. El libro ganó un Pulitzer y un National Book Award y es uno de los trabajos que hacen preguntarse a algunos si fue la prensa la que terminó propiciando la derrota de EEUU.

Fawcett, como tantas otras de sus colegas, lo tiene meridianamente claro. Probablemente no es la primera vez que le preguntan su opinión:  “Lo que hizo que EE UU perdiera la guerra de Vietnam no fue la prensa; fue la verdad”.

 

Fuente: El Español