Cicatrices ¿imperfecciones? Estamos acostumbradas a pensar que un roto es algo negativo, algo que deberíamos tirar porque no nos sirve. Un jarrón agrietado, roto, o cualquier cosa por la que pase el tiempo, como por ejemplo nosotras mismas… Cualquier prueba de celulitis, manchas en la piel o no digamos: arrugas ¡oh, dios mío! Lo consideramos un defecto, algo de lo que nos avergonzamos, y corremos a tratar de paliarlo, bien con cremas, operaciones etc… ¿Sabías que los japoneses piensan totalmente lo contrario a este tema?

Kintsugi que en japonés significa “carpintería de oro” ya nos está dando una pista… O Kintsukuroi reparación de oro” es el arte japonés de arreglar obras de cerámica con barniz espolvoreado o mezclado con polvo de oro, plata o platino, ¡ni más ni menos! Forma parte de una filosofía que plantea que las roturas y reparaciones forman parte de la historia de un objeto y deben mostrarse en lugar de ocultarse, incorporarse y además hacerlo para embellecer el objeto, poniendo de manifiesto su transformación e historia. (¿a que te hace pensar?)

 

  

Pero (ya sabes lo indagadoras que somos), ¿de dónde viene está “tradición”? Pues a finales del siglo XV, cuando el comandante del ejército Ashikaga Yoshimasa envió a China para ser reparados dos de sus tazones de té favoritos. Los tazones volvieron reparados pero con unas feas grapas de metal, que sí, habían sido reparados y se podrían volver a utilizar, pero se veían toscos y desagradables a la vista. El resultado (como era de esperar) no fue de su agrado, así que busco artesanos japoneses que hicieran una mejor reparación, dando así con una nueva forma de reparar cerámicas, convertida en arte.

La técnica y arte de dicha forma de encarar la reparación de los objetos fue tan apreciada, (agarraos que lo que viene es fuerte) ¡que algunos llegaron al punto de ser acusados de romper cerámica para luego poderla reparar con dicho método! Pues, la complejidad de la reparación transforma estéticamente la pieza reparada, dándole así un nuevo valor, único. De esa manera se da el caso de que antiguas piezas reparadas mediante este método sean más valoradas que piezas que nunca se rompieron.

Así que, cicatriza tus “rotos” (cicatrices/manchas/arrugas) con el mejor “oro” (¡positividad!) y vente con nosotras a Japón, pues ¿cómo no vas a querer viajar a un país donde piensan así desde el siglo XV?