El baño de una u otra manera forma parte de la historia de la Humanidad. Colectivo o individual; diario o esporádico; en aguas naturales o recintos artificiales; con objetivos higiénicos, religiosos o, sencillamente, relajantes, podemos estudiar nuestra evolución casi a través de la suya.

Coinciden los historiadores en que casi con toda probabilidad en el origen del baño influyeran elementos religiosos y sociales antes que higiénicos. Se cree que los primeros baños colectivos surgieron en la ciudad india de Mohenjo-Daro hace la friolera de 5.000 años. Eran recintos pavimentados cuyas piscinas o albercas contaban ya con desagüe, una estructura parecida a la de los baños purificadores que la nobleza practicaba hace 4000 años en la ciudad babilonia de Mari. En Egipto, las clases sociales más adineradas, disponían de varios esclavos que se dedicaban a bañar a sus señores con aceites y ungüentos. Los ciudadanos con menos recursos y sin acceso a bañaderas usaban el efecto “lluvia” del agua pasando a través de los agujeritos de una especie de cestillo, en un sistema precursor de las duchas. Las clases bajas no tenían mucha más alternativa que bañarse en el Gran Nilo.

El camino desde Oriente

Cartago tuvo grandes y lujosos baños públicos donde se hacía ya vida social. Siguiendo el recorrido de la civilización, desde Oriente a Occidente, Creta, nos ofrece la bañera más antigua conocida, la del palacio de Cnosos, del año 1700 a.C. o los baños de la acrópolis de Tirinto, de apenas 300 años después. En la Grecia clásica el uso del baño estaba ya tan generalizado, que se les ofrecía a los huéspedes. Eurípides hablaba ya de que cuidaba los males de los hombres y se dice incluso se bañaba a las estatuas de los dioses. Puede que de este carácter sagrado que el baño tuvo en algunos de los pueblos antiguos deriven las abluciones o los baños purificadores que algunas religiones mantienen hoy en día.

De Roma a toda Europa

Pero sin lugar a dudas, serían los romanos, herederos de los griegos, quienes alcanzarían la cúspide del concepto de baño. Quizá por la permanencia de su cultura en el tiempo, o por la extensión de territorio que llegó a alcanzar. Las famosas termas romanas contaban con piscinas de agua caliente, templada o fría en complejos edificios con baños de vapor, salas de masaje, manicura, sala de ejercicios atléticos, e incluso biblioteca. Su uso, suponía ya un paraíso de salud, un reino del ocio, pero con la caída del Imperio Romano y la irrupción de los bárbaros, el concepto de baño, tanto público como privado se abandonó, lo que supondría un retroceso en toda Europa.

Bueno, maticemos: esto sería así en la Europa cristiana. En paralelo, el Islam recuperó el concepto de termas con el nombre de hammam en sus territorios, y las casas judías poseían asimismo aposentos destinados al aseo corporal. Pero en la Europa cristiana el baño caliente fue visto por la Iglesia como un peligro para la castidad y esta concepción se extendería durante siglos. Sería precisamente esta aversión al agua lo que originaría la proliferación de los perfumes, que, al menos mitigaban el olor corporal.

Entrado el XIX ni las casas de la nobleza, incluidas las mansiones reales, poseían siquiera bañera. De baños colectivos, ni hablamos. No sería hasta mitad y finales del siglo XIX cuando el concepto volviera a surgir de nuevo en Europa, con el nacimiento de la natación como deporte, los primeros baños de mar con carácter terapéutico y la importación del concepto otomano de hammam que había sobrevivido durante unos siglos en Al Ándalus, y a partir de la conquista de las plazas musulmanas, en tierras turcas. Los europeos entraron en contacto con el concepto de hammam o baño turco, genuino heredero de las termas romanas, durante sus contactos con el imperio otomano. Sería así como el hammam, que gozaría de un papel preponderante en las culturas del Medio oriente como punto de reunión social y ritual de higiene y relax, terminaría —increíblemente— popularizándose en la Inglaterra Victoriana. En la actualidad, además de continuar existiendo en los países de confesión musulmana su uso se ha extendido en diferentes lugares de Europa.

Hacia el Este y más allá.

Con el mismo concepto, pero utilizando afloramientos naturales, en lugar de calentar las aguas artificialmente, encontramos los baños termales de Bulgaria, Los tracios, pobladores primigenios de este territorio construyeron algunos de sus asentamientos más antiguos alrededor de estos manantiales, conocedores, probablemente, de la calidad curativa del agua, varios milenios antes de Cristo. En la actualidad continúa su uso terapéutico y el país, en la frontera de Oriente ,tiene registrados más de  700 manantiales, con diferente composición, temperatura y propiedades en zonas como Chiflik, Devin, Hisaria, Kyustendil, Sandanski, Shipkovo o Velingrad.

Las aguas termales son también protagonistas de los onsen o baños tradicionales de Japón que aprovechan el calor natural de las aguas procedentes de la gran actividad volcánica del país. Hay casas de baños termales con diferentes temperaturas o cualidades curativas o de belleza, y pueden tener sauna jacuzzi, y zonas para dormir, además de máquinas para bebidas y snacks e incluso restaurantes, ya que son lugares a los que se suele ir con la familia o los amigos a pasar el día.

Efecto purificador

Hay lugares, sin embargo, donde lejos de buscar el efecto relajante o terapéutico, los baños, siguen conservando ese concepto purificador con el que surgieron. Quizá por ello sea en India, el subcontinente que los vio nacer el que aún albergue festivales como  el Makar Sankranti o el Kumbh Mela, probablemente la congregación religiosa más grande del mundo, que comienza con un baño sagrado en el que miles de peregrinos se sumergen en los sagrados ríos Ganges, Yamuna y el mítico Saraswati, con la creencia de que sumergirse en esas aguas benditas allanará el camino para su salvación y los librará de sus pecados.

Si aún no tienes planeado tu viaje para este verano, te invitamos a descubrir nuestras sugerencias de baños en lugares tán increibles como: Japón, Estambul,Bulgaria, Tánger y Tetuán. ¿Nos acompañas?