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San Valentín, o como la Iglesia cristianizó los festivales de iniciación a la sexualidad

Distintas teorías afirman que el día de los enamorados, una fiesta cristiana, que se remonta al siglo V, tiene sus orígenes en rituales mucho más antiguos practicados en el Imperio romano, cuyo común denominador era el sexo

La fiesta que hoy celebramos como día de los enamorados hunde sus raíces en una costumbre mucho más licenciosa, según afirman algunos autores. Diferentes historiadores creen que el san Valentín cristiano vino a darle un barniz de decencia a las Lupercales, un festival de depravación sexo salvaje que se llevaba a cabo en la Antigua Roma, con el objetivo de que los jóvenes se iniciaran en la sexualidad y perdieran el miedo a mantener relaciones entre sí.

El autor Jean-Noël Robert en su obra “Eros romano: sexo y moral en la Antigua Roma” cree que las raíces de esta fiesta se hunden en una cultura muy anterior, algo que Roma ya había heredado de tiempos pasados. «Se trataba de una de las ceremonias más arcaicas” – afirma – “,Numerosos especialistas coinciden en que se remontaba a los tiempos del caos, mucho antes de la fundación de Roma ».

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Imagen de la loba amamantando a Rómulo y Remo, los fundadores de Roma

Todo hace pensar que, si no se remontaba al período preromano, la fiesta tenía su origen en el mismo “nacimiento” de Roma como civilización. La celebración se llevaba a cabo en la misma gruta (la Lupercal) en la que la tradición afirmaba que la loba había amamantado a los fundadores de Roma, los gemelos Rómulo y Remo, después de que estos hubieran sido abandonados en el río por su familia. El ritual era sencillo: dos adolescentes varones eran ungidos con la sangre de un carnero sacrificado, y después, cubiertos con sus pieles y látigo en mano, se lanzaban por las calles de Roma dando correazos a diestro y siniestro. Su principal objetivo eran las mujeres, especialmente aquellas en edad de concebir, que aceptaban de buen grado el “castigo”,  en la creencia de que el latigazo contribuiría a su fecundidad.

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Jovenes lupercali,en el ritual del mismo nombre, azotando a las mujeres

 

En honor a la diosa Juno Februata

Otros autores, como es el caso de John M. Flader, si bien remontan asimismo la tradición del 14 de febrero a celebraciones paganas llevadas a cabo en Roma, buscan sus orígenes en otra festividad, las “februales” que se celebraban en honor de Juno Februata, diosa del amor y la fecundidad. Duraban unos 15 días, tenían lugar en el mes de febrero, y mientras tanto, curiosamente, se cerraban los templos del resto de divinidades y se prohibía contraer matrimonio. Quizá fuera una medida tendente a frenar la impulsividad, pues, según afirma el autor, uno de los ritos celebrados para honrar a esta deidad, consistía en introducir los nombres de las jóvenes de la ciudad en una caja. Cada uno de ellos era extraído por un chico y la pareja resultante quedaba unida a nivel sexual, imaginamos que de forma temporal.

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Escultura de la diosa Juno en el Louvre

Fueran las lupercales o las februales el origen de tanta costumbre licenciosa, la Iglesia, ante la imposibilidad de desterrarlas del imaginario colectivo, optó por su política de camuflaje y decidió cristianizarlas. Así surgió San Valentín, según afirma el periodista e historiador Jesús Hernández: «La fiesta de San Valentín fue instaurada en el año 498 por el papa Gelasio I, probablemente en un intento de eliminar la efeméride pagana de las Lupercales, un festejo relacionado con el amor y la reproducción, que se celebraban el 15 de febrero. ¿Por qué precisamente San Valentín? Pues, porque se cree que este religioso se atrevió a desafiar al todopoderoso imperio romano en nombre del amor.

En el siglo III d. C., el emperador romano Claudio II Gótico llegó a la conclusión de que los soldados casados pecaban de conservadores en el campo de batalla, en un momento extremadamente delicado, en el que diferentes enemigos amenazaban las limes romanas. Decidió, por tanto, con objeto de garantizar la entrega de sus legionarios, que lo mejor era asegurarse de que nadie les esperaba en casa. Y para que no hubiera amantes esposas aguardando la llegada de los soldados, optó por prohibir la celebración de matrimonios.

Pero tal decisión topó con la oposición de San Valentín, entonces, Valentino, obispo de Iteramna (hoy Terni). El entonces obispo de la ciudad celebraba en secreto las bodas de los fieles cristianos que deseaban jurarse amor eterno, pese al mandato del emperador. Se cuenta que con la intención de proporcionar un castigo ejemplarizante, San Valentín, fue apresado y decapitado, precisamente  un 14 de febrero, el del año 269. Probablemente fuese enterrado en la Vía Flaminia, a las afueras de Roma, lo que hizo que durante la Edad Media la Puerta Flamina fuese conocida como Puerta de San Valentín.

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El obispo San Valentín se enfrentó a la prohibición romana de celebrar matrimonios

Asi que ya sabéis: nuestra profusión de angelotes con flechas, corazones henchidos y fiebre consumista del 14 de febrero tiene su origen en un antiquísimo ritual reproductivo y lleva el nombre de un obispo cristiano que osó desafiar a Roma.

 

By | 2018-03-27T16:46:45+00:00 febrero 14th, 2017|Blog, Italia, Viajar sola con FOW a|0 Comments