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Marta Minajín diseña el Partenón de los libros prohíbidos

La artista Marta Minujin tenía un sueño:  que los libros censurados y acallados por todas las dictaduras del mundo pudieran recuperar su sitio y brillar con luz propia, desafiando a la intolerancia. Lo ha conseguido. Miles de volúmenes prohíbidos en algún momento se alzan en Kessel, en el mismo lugar donde, en 1933,  los nazis perpetraron una de sus tristemente famosas quemas de libros.

Son alrededor de cien mil, conforman una de las más conocidas obras de la arquitectura clásica, El Partenón, y todos tienen una característica común: han sido censurados o prohíbidos en algún momento de la Historia o en algún lugar de la misma. Han llegado hasta Kessel, tras ser donados por editoriales bibliotecas y particulares de España, Argentina, Alemania y demás países, dentro de este proyecto transgresor que pretende visibilizar lo que, en muchas ocasiones, ha sido invisible.

El Partenón de los libros prohíbidos, la obra escultórica ideada por la artista conceptual Marta Minajín devuelve al arte su papel crítico y reivindicativo. La FrieditzPlatz de Kessel, alberga este monumento construido en papel e impermeable concebido como parte de la edición número 14 de la muestra de Arte Contemporáneo, Documenta, que se celebra cada cuatro años. Pese a las reacciones que provoca y a su interés mediático, el Partenón no ha venido para quedarse. Su estructura metálica de 70 metros de largo, 30 de ancho y 19 de alto, integrada por 48 columnas, lleva en pie apenas mes y medio, desde el 10 de junio y permanecerá intocada hasta el mes de septiembre de 2017. Cuando se desmantele, cerrando el círculo y en un ejercicio de tolerancia, los libros que la integran serán donados a refugios de migrantes y bibliotecas públicas de toda Europa.

Hace 83 años, por estas fechas, la Plaza de Kessel reunía también cientos de miles de libros, considerados decadentes o degenerados, que ardieron en una gigantesca pira, sin que ninguno de los treinta mil asistentes hiciera nada por evitarlo.

“La censura, la persecución de escritores y la prohibición de sus textos motivadas por intereses políticos y el intento de influir en nuestro pensamiento, nuestras ideas y nuestros cuerpos, están nuevamente extendidos en el mundo –  advierte Adam Szymczyk, director artístico de Documenta – “El Partenón de libros marca un ejemplo contra la violencia, la discriminación y la intolerancia”.

Desgraciadamente el hecho que el Partenón denuncia no es algo tan lejano, ni en el tiempo ni en el espacio. No olvidemos que para controlar el pensamiento del otro se necesita también regular sus lecturas y los conocimientos a los que tiene acceso; al fín y al cabo, así es como funcionan los autoritarismos.