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Madagascar: el norte mestizo

Mucha gente decide no visitar el norte por falta de tiempo en detrimento del sur del país o incluso de la famosa Avenida de Baobabs que se encuentra en Morondava al oeste, un mágico lugar con baobabs enormes pero lleno de turistas fotografiando la puesta de sol.

Sin embargo, decidimos ponerlo en nuestro programa ya que en él se encontraban cosas tan atípicas que no se podían encontrar en el resto del país.

Nuestra primera toma de contacto con Diego Suarez, su ciudad más importante, fue un domingo colándonos en una ceremonia de góspel con un cura enfervorizado diciendo cada dos segundos “aleluya” mientras  que las mujeres (que por supuesto estaban separadas de los hombres igual que en una mezquita, para que luego digan), le cambiaban los pañales a los niños, les daban de comer, jugaban con ellos etc… La zona de los hombres era bastante más aburrida ya que se dedicaban a escuchar al cura y pegaban unos gritos de vez en cuando. Que experiencia más ilustrativa de lo arraigada que está la religión y sobre todo las iglesias adventistas o de Jesucristo el redentor, etc….!!!

Tras esta experiencia digna de las películas americanas, nos adentramos en la ciudad, que fue colonia portuguesa (de ahí su nombre), una ciudad mezcla de colonialismo y clima tropical, cuyo mayor atractivo es su mercado.

Siempre que voy a una ciudad me gusta visitar el  mercado ya que en él encontrarás la esencia de la ciudad. En este lugar al aire libre, se pueden encontrar desde zonas llenas de cestas con pollos vivos y otro tipo de animalitos, hasta la zona normal de verduras, pasando por la plantas medicinales y curanderos y la más dura pero a la vez  más interesante, la del pescado.

Esta parte del mercado tiene unos puestecitos (bastante apestosos por cierto) en dónde las mujeres venden cestas enormes llenas de barro que tienen cangrejos (se conservan mejor en su ambiente natural que limpitos) y pescado fresco de todo tipo.

En Madagascar se recicla todo, y se ven también puestos con botellas llenas de salsas de todo tipo para echarle a la comida (¡¡¡ ahora entiendo yo para que te persiguen los niños pidiéndote las botellas de agua de plástico vacías!!!).

Diego Suarez, es el punto de partida para muchos lugares de la costa, entre ellos el maravilloso Mar de Esmeralda, un lugar paradisiaco con un color esmeralda y atolones de arena blanca, y a la vez peligroso cuando el viento se levanta.

También desde allí se va a la Montagne d´Ambre,  una montaña que se caracteriza por tener un tipo de lemur que no siempre se ve, y cuyo bosque nuboso tiene mucho que envidiarle desde mi punto de vista al parque de Ranomafana o al de Andasibe.

Sin embargo,  no deja de estar en el camino hacia los fascinantes “Tsinguis”, una formación rocosa digna del Jurásico que parecen filos cortantes en medio de los cuales se puede hacer incluso canoping.

En Madagascar hay Tsinguis negros y rojos, estos últimos parecen venidos de Marte con un color entre rosa palo y ocre, y abrían sido dignos de utilizar en alguna escena de la Guerra de las Galaxias. Este es uno de los puntos fuertes del viaje al Norte ya que por mucha foto que veas no dejaras de sorprenderte al llegar tras una larga caminata a un lugar tan especial.

Aunque la costa de la vainilla empieza mucho más abajo, en la zona de Manakar para arriba, no es menos cierto que acaba cerca de Diego Suarez y existen grandes campos de cultivo. Por eso, se trata de un lugar ideal para comprar este ingrediente para un postre a buen precio en el mercado que como os imaginareis, es muy tropical y solo les falta bailar reggae.

Desde el Norte, en el puerto de Ankify se puede ir a la zona de playa preferida por los italianos, Nosy be. Desde hace algunos años, los italianos invadieron el mercado turístico de esta isla y fletan charters directos desde algunas ciudades italianas para que sus compatriotas se tuesten el culete en un lugar afortunadamente todavía paradisiaco.

Dejando de lado este tema, Nosy Be es igual que Ile Sainte Marie, un lugar para pasar unos días de descanso antes de la larga vuelta a Europa. En Nosy Be se fabrica además de un ron estupendo llamado Rhum Arrangé  (aunque la fábrica estatal ha quebrado  como muchos más negocios que los chinos están recuperando), el ylang ylang, una planta que sirve para fabricar esencias muy solicitada por la industria cosmética sobre todo francesa. Es el lugar idóneo para tomar langosta a buen precio y ver una bella puesta de sol.

Desde Nosy be se pueden visitar varias islas para hacer submarinismo como Nosy Iranja  y pasear entre islotes cuando va bajando la marea. Su población es muy mestiza, lleva un ritmo más lento como en cualquier isla pero tienen un espíritu divertidos y son grandes bailarines y artistas.

En esta isla se pueden encontrar desde cuadros naif, hasta objetos de madera y cestería super original para hacer buenos regalos antes de volver. Pero no creáis que son “made in la isla”, no. Como son muy buenos comerciantes y hay bastante turismo lo traen de la capital Tana y lo venden mucho más caro allí. La mayor parte de los comerciantes son mujeres muy simpáticas y con mucha marcha que no solo te venderán cosas sino que mientras tanto te enseñaran a bailar sus danzas tradicionales (una mezcla entre el budu y  la tradición polinesia), dos por uno.

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En definitiva, el Norte es una zona llena de gente mestiza, religiosa y marchosa con lugares en dónde la Naturaleza no deja de sorprender y con un gran abanico de posibilidades tanto deportivas, como de relax para finalizar un viaje muy especial, a la isla de los baobabs y los lemures.

Alice Fauveau

By | 2018-03-28T10:52:00+00:00 enero 2nd, 2011|Blog, Madagascar, Viajar sola con FOW a|0 Comments