Las envenenadoras de Sicilia

Hay muchas maneras de deshacerse de una persona. Quemar sus cartas, eliminar su número de la agenda, restringir las llamadas, eliminarle del Facebook o dejar de seguirle en Twitter. Sin embargo, en la antigua Sicilia se optó por un método más… drástico.

Todo empezó con Teofania d’Adamo, una anciana siciliana a la cual se le ocurrió una nueva manera de perder de vista a alguien. La gran Tofana, como se la conocía popularmente, creó un veneno, compuesto por unos estrictos ingredientes que en su justa medida, eran capaz de matar a alguien en unos cuantos segundos, sin huellas ni indicios que la delataran.

El veneno actuaba de tal forma que ni los médicos podían explicar las causas del fallecimiento de la víctima. Se aventuraban a decir que seguramente había sido una muerte súbita, un paro cardiaco, o una enfermedad que ya tenía anteriormente.

Ninguna explicación para el brebaje de la anciana.

Con el tiempo y recurriendo a documentos de la época, los cronistas creen que el veneno estaba compuesto por arsénico mezclado con plantas, entre las cuales se encuentra la cimbalaria, una planta que crece en las zonas más sombrías de Italia y España y que tratada de una manera especial puede llegar a ser muy tóxica.

Unas plantas, junto con unos líquidos y unos tiempos de destilaciones concretos, que dieron lugar a un arma invisible llamada “El agua Tofana”.

Este descubrimiento despertó la curiosidad de muchos. Sobre todo de muchas mujeres que querían deshacerse de sus maridos. Algunas por el trato que recibían de éstos, otras porque querían escapar con su amante y otras y otros, por querer heredar demasiado pronto.

Cuentan, que una clienta compró a la gran Tofana un poco del dichoso veneno para matar a su marido y escapar con su amante. Una noche durante la cena, la mujer echó el veneno en el plato de su marido. Tranquila de no ser descubierta, ya que el veneno era incoloro y con un sabor parecido al del vinagre, se levantó de la mesa y abandonó por unos minutos la cena. Lo que no se esperaba esta clienta era que su marido, a modo de broma, le iba a cambiar el plato por el suyo.

Así, la cena en la que iba a morir su marido terminó convirtiéndose en la última cena de ella. Llena de rabia y justo antes de morir confesó a su marido su malévolo plan y el nombre de la mujer que le había proporcionado el veneno.

La gran Tofana fue descubierta, detenida, ahorcada y descuartizada. Y dicen que muerto el perro se acabó la rabia. O sea, que éste sería un posible final, pero… la historia sigue. Acabaron con ella, pero no con su fórmula. Acabaron con el perro, pero no con la rabia.

La gran Tofana, consciente del riesgo al que se enfrentaba cada día vendiendo dicho veneno, se aseguró de que aun matándola, su descubrimiento siguiera prosperando. Por eso, antes de ser arrestada, trasmitió su fórmula mágica a otra envenenadora, haciendo que su descubrimiento se extendiera más allá de Sicilia.

Una historia llena de venganzas, mujeres, venenos y muertes. Una historia que pone los pelos de punta. Eso sí, queremos dejar claro a nuestras viajeras que ya no hay peligro de veneno posible, y ¡mucho menos siendo mujer!

Por mucho veneno que haya tenido en su antigüedad, Sicilia sigue siendo y será un paraíso en medio del mediterráneo.

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