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La historia de los baobabs

Existe una leyenda que dice que si duermes a la sombra de un baobab regresarás algún día a África….Nada más cierto en mi caso.

Los baobabs me fascinan desde que leí el Principito de Saint-Exupéry siendo pequeña, aquel árbol majestuoso de pequeñas ramas. Recuerdo que el protagonista arrancaba este bello árbol del suelo del asteroide en el que vivía, antes de que creciese y destruyese su planeta.

Sin embargo, este “árbol botella”, llamado así por los ancestros africanos, es único en el mundo. Solo existen 8 especies en varios países africanos y en Australia, de las cuales 6 son endémicas de Madagascar. Sus flores son hermafroditas, su altura puede oscilar entre los 5 a 30 m y el diámetro del tronco superar los 11 m, y encima puede llegar a vivir 3.000 años, ¡¡¡casi nada!!!. Cuando maduran pueden llegar a almacenar más de seis mil litros de agua, son como grandes camellos en medio del desierto malgache.

La primera vez que vi uno fue en Senegal, viniendo de Saint Louis, el lugar de donde salen las pateras hacia Europa, y ¡¡no pude evitar pararme para dejarme seducir por su grandeza!!

Cuenta otra leyenda en África que el baobab era uno de los árboles más bellos del continente, admirado por todos por su follaje y flores. Sin embargo, de tan vanidoso que era, los dioses lo castigaron enterrando sus ramas y dejando a la vista sus raíces.

Pero esas raíces que parece que piden perdón a los dioses, florecen durante el invierno dando flores blancas o amarillas que se abren por la noche y son polinizadas por los murciélagos. De este tronco se aprovecha todo ya que la fibra que lo rodea es tan espesa que con ella se hacen cuerdas, cestos, ropa..Y con sus hojas además de ensaladas, medicinas tradicionales contra la malaria y la fiebre.

En Madagascar, ese bello país de gente amable y hospitalaria, se pueden encontrar sobre todo en el sur del país y en el oeste.

¡Cuántas veces no habremos visto en reportajes o fotos la Avenida de los Baobabs!, un lugar idílico (más cuando hay pocos turistas) donde los baobabs te envuelven en medio de una maravillosa puesta de sol africana en donde el sol no llega a desaparecer y los colores del cielo van cambiando, tocando todos las escalas de naranjas posibles.

Pero si no se puede viajar hasta allí y se quiere ver diversidad nada mejor que pasar por la costa sur de Mangily, un lugar cercano a Tulear en donde existen muchos de ellos y de especies diferentes en uno de sus parques. Casualmente en esa zona de gran pobreza, se encuentra el Hotel Solidario Mangily perteneciente a la ONG española Agua de Coco, un lugar en donde, además de apoyar a la gente del lugar y proteger la fauna autóctona, se puede disfrutar de otro tipo de turismo responsable.

Así que nada mejor que viajar a este bello y contrastado país para conocer a un árbol que otorga comida, sombra, agua, elementos medicinales y protección a quienes lo rodean. Como dice Xavier Moret en su libro “A la sombra del baobab”, se trata de un viaje a las raíces de África y en Madagascar podrás sentir cómo te abrazan.

Alice Fauveau

By | 2018-03-28T10:29:39+00:00 marzo 16th, 2012|Blog, Madagascar, Viajar sola con FOW a|4 Comments