Jane Goodall

Jane Goodall

Probablemente la mejor primatóloga del mundo, la británica Jane Goodall, revolucionó, con sus trabajos de investigación en Tanzania, la percepción que se tenía, hasta el momento, de los simios. Su metodología y su repercusión atrajeron también a detractores que llegaron a acusarla de defender una visión antropocentrista.

 Jane Goodall nació en Inglaterra en el año 1934. Apasionada de los animales y de su observación desde muy niña, antes de poner un solo pie en África, ya había recorrido este continente innumerables veces en sus sueños. Quizá por eso le resultó tan familiar y deseado como un hogar al que se vuelve.

Jane aterrizó por primera vez en África en 1957. Había utilizado la excusa de un amigo que vivía en las Tierras Altas de Kenia para conocer los paisajes de sus sueños. Allí, quizá fascinado por su conocimiento casi innato del medio natural, su amigo le sugirió que contactara con el paleontólogo Louis Leakey para “hablar de animales”. Louis Leakey, impresionado por aquella entusiasta joven le ofreció un puesto de secretaria. Probablemente la estuviera probando y ya tuviera en mente entonces la misión que le encomendaría más tarde: la del estudio de los grandes primates en su medio natural.

Leakey manejaba el convencimiento de que los patrones de comportamiento de los grandes simios podrían aportar serias revelaciones sobre los primeros homínidos. Fue así como Jane Goodall fue enviada a la garganta de Olduvai para dar inicio a un pormenorizado estudio sobre chimpancés. Sería una de las tres investigadores de campo “enviadas a “convivir” con los primates, junto a la estadounidense Dian Fossey , que inspiraría más tarde la película “Gorilas en la niebla” y a la lituano-canadiense Biruté Galdikas. Lo realmente sorprendente, desde la perspectiva actual, es que Jane carecía de formación específica y conocimientos técnicos y basó sus primeros trabajos en la observación, la intuición y su propia pasión, algo que continuamente utilizaron en su contra los investigadores que en un primer momento no dieron crédito a sus teorías.

La primera vez que Jane aterrizó en Gombe tenía 27 años y probablemente no pudiera imaginar que aquel momento se iba a convertir en el punto de inflexión de su vida y en el comienzo de una brillante carrera profesional. National Geographic estrena ahora el documental “Jane”, una cinta nominada a los Bafta y preseleccionada en los Globos de Oro y los Oscar, sobre la mujer que puso patas arriba a toda la comunidad científica.

La misma Jane Goodall, que en la actualidad cuenta 84 años, cuenta en el documental los descorazonadores comienzos; como cada día caminaba entre la hojarasca, esquivando serpientes venenosas y se acomodaba en una colina desde donde observaba a los chimpancés, intentado que se familiarizaran con ella, pero sin que su presencia interfiriera en sus actuaciones y sin resultar intimidante, para no forzarlos a huir.

La magia se produjo. Jane “encajó” en la manada. Y esa cercanía le permitió observar sus conductas cotidianas y realizar importantes descubrimientos, como que los chimpancés también se alimentaban de carne, o que eran capaces de “fabricar” herramientas rudimentarias para, por ejemplo, hurgar en los termiteros en busca de comida. “Ahora deberemos redefinir las palabras hombre y herramienta, o aceptar a los chimpancés como humanos”, llegó a decir su maestro, el profesor Leakey. Este tipo de observación, nunca antes realizada, catapultó a la jovencísima Goodall a la escena mediática y atrajo la atención de National Geographic quien apostó por financiar el proyecto, con la condición de incorporar un cámara al equipo, Hugo Van Lawik, con la misión de documentar toda la investigación. En el documental, Jane narra como se sintió descorazonada al pensar que tendría que soportar a un extraño, ahora que su “manada” se había acostumbrado a ella. La realidad no pudo ser más distinta. El trabajo —y el entorno, quizá— unió de tal manera a Jane y Hugo, que acabaron contrayendo matrimonio y convirtiéndose en padres.

 

Métodos poco ortodoxos

Los métodos de Jane se salían de los estándares académicos, lo que atraería las críticas de la comunidad internacional. En primer lugar había decidido nombrar a los chimpancés, dotarles de una “personalidad” casi, frente al aséptico método científico de numerar a los individuos. Ella siempre defendió frente a los que la acusaron de antropocentrismo, asignando a los animales cualidades propias de personas, que el considerar a Barbagris o a Flo parte de su “grupo familiar” fue lo que le permitió ser aceptada por ellos y descubrir asombrosos detalles: que son animales extremadamente sociales, que dedican gran parte del día a acicalarse, que forman bandas organizadas para robar o atacar o que tienen una dependencia maternal muy similar a la de los humanos.

Pero para Goddall, que estudiaría Etología, la ciencia que investiga el comportamiento animal, con posterioridad, no todos los descubrimientos serían así de “dulces”. Tras un período en el que se sintió perfectamente integrada en el entorno de los grandes primates, asistió a una realidad que le haría replantearse sus propias teorías sobre la bondad innata de  los animales. “Cuando llegué, pensaba que los chimpancés eran más amables que nosotros”, afirmaba en sus publicaciones, “pero el tiempo me ha demostrado lo contrario. Pueden ser igual de horribles”. Las luchas entre los machos alfa, observó Jane, se saldaban con una mezcla de violencia física y maniobras políticas, y, lo que más le horrorizó, las hembras podían llegar a matar a los bebés de la comunidad rival.

Jane Goodall, que en su momento tuvo que enfrentarse a las críticas por su juventud, su género, o su falta de formación, ha reescrito lo que conocemos de los grandes simios, y por lo tanto de nuestros propios orígenes. En la actualidad, su imagen se asocia al activismo medioambiental, que continúa ejerciendo predicando su ejemplo por cada rincón del mundo.

 

Escrito por: Emma Lira

 

 

By | 2018-05-16T11:19:45+00:00 mayo 3rd, 2018|Actualidad femenina, Blog, Destinos FOW|0 Comments