/, Blog, Viajar sola con FOW a/El Viaje Inmóvil. Mi Montaña

El Viaje Inmóvil. Mi Montaña

No es cierto que viajar implique movimiento. No. Algunos viajes pueden ser estáticos. Y en este caso no me estoy refiriendo a las aventuras que cabe realizar por dentro de la piel, sino a auténticos viajes con los ojos abiertos.

Arista. Eider, Claude y Olivier de paseo

Hacía varios años que las Montañas y las rocas se habían convertido en mi casa. Me encaramaba a sus cimas, escalaba sus paredes.

Adoro convertirme en un animal salvaje: recorrer montañas subiendo y bajando, trepando, disfrutando del cansancio y del frío; permitir que me salgan pezuñas y plumas y que se me olvide hablar; alimentarme de flores y musgo; descalzarme sobre la hierba; despertarme en plena noche al aire libre y cubierta de rocío; caminar a cuatro patas y con el pelo enmarañado, y bañarme en ríos y charcas; ensuciarme los pies y las manos de tierra; dejar de pensar y ser arrastrada por un instinto involuntario y primitivo.”

Exterior. Atardece sobre Bionnassay.

Pero había algo que seguía echando en falta. Yo quería subir a una Montaña y no tener que bajar. Quería contemplarla a todas horas, en distintos estados y momentos, con buen tiempo y en plena ventisca; quería convertirme en Montaña. Así que, sin saber cuál iba a ser mi Montaña, comencé a llamarla.

Y mi Montaña respondió. Mi Montaña resultó ser el Mont Blanc, y me ofreció un huequecito en sus laderas heladas: un empleo en el refugio de Goûter, emplazado a 3.820 metros de altura.

Goûter desde Desert Pierre Ronde.

Junto a mis compañeros del refugio, conviví durante cuatro meses ininterrumpidos con el hielo, la luz y el viento. Los alpinistas, la nieve, las aristas, el sol. Durante todo aquel tiempo apenas me pude alejar unos metros del refugio, y sin embargo viajé hacia lo inerte, hacia el dinamismo que se esconde en lo inmóvil, hacia el aire leve, hacia el lado mineral. Y así, acabé perteneciendo por entero a una Montaña.

Nube lenticular sobre Bionassay

Aquí el silencio tiene cuerpo. Es sólido. Material. Se puede masticar. Aquí el silencio forma frases, puede ser leído, y con su ausencia de palabras entabla diálogos. Aquí el silencio constituye un lenguaje: el de las rocas, el espacio vacío, la luz y el sustrato mineral. Aquí el silencio tiene colores y significados mudos que no pueden ser traducidos a palabras.”

Eider Elizegi

Podéis adquirir el libro Mi Montaña, de Eider Elizegi, Premio Desnivel 2010 en Edicionesdesnivel.com
Reseñas, presentaciones y más: eiderelizegi.com
Fotos de la vida en el refugio: eiderelizegi.com

By | 2018-03-28T10:23:42+00:00 noviembre 2nd, 2012|Actualidad femenina, Blog, Viajar sola con FOW a|0 Comments