El budismo y la mujer

Paula Bronstein es la niña budista más joven con tan solo siete años de edad y vive en el monasterio Huk-Che Choling en Nepal. Quizás no fue elegida para ser el Dalai Lama, pero a ella no le importa. El budismo es un camino espiritual que cada uno emprende para llegar al karma, a la perfecta comunión con Buda, a trascender lo material.

Buda no es ni hombre ni mujer y, sin embargo, su sacerdocio fue copado por el poder patriarcal, ya que consideraban que las mujeres no podían eludir sus tareas domésticas y de crianza de hijos. Al comienzo no fue así. Un mito fundador del budismo cuenta la historia de Maha Pajapati Gotami, quien crio a Buda, y en un momento dado, solicitó al profeta que la ordenara sacerdotisa, a lo cual se negó. Como muchas mujeres a lo largo de la historia, no se dio por vencida. Se rasuró el cabello y se enfundó un traje amarillo como los monjes; peregrinó por 250 km descalza, y con los pies destrozados y las lágrimas desprendiéndose de sus ojos, se presentó ante Buda, quien la ordenó sacerdote.

Como Pajapati, muchas mujeres en la India luchan para que le sean reconocido el derecho a poder ejercer su vocación trascendental. Una de las grandes activistas de derechos humanos es la tailandesa Dhammananda, quien lucha porque la mujer en el budismo reconquiste su lugar. Ella rige el monasterio Songdhammakalyani, en el que sólo hay mujeres y las ordena al margen del poder eclesiástico oficial, que no quiere que se les reconozca el derecho a emprender su vía espiritual. Ella es consciente de que lo que hace no es legal; por el contrario, es ético, porque el budismo ancestral contempló el linaje femenino.

Mujeres luchadoras como Diana Perry, sí pudo colmar sus inquietudes existenciales. Inglesa que nació bajo las bombas alemanas de la Segunda Guerra Mundial, nada menos que en una biblioteca, siempre conservó en su azarado viaje por una Europa derruida tres libros: uno de Camus, otro de Sartre y un extraño ejemplar que hablaba sobre el budismo. Fue este último el que generó en ella un impulso vocacional tan irrefrenable, que la llevó hasta el Valle da Lahaul, al norte de la India, donde vivió como una eremita durante doce años en “Una cueva en la nieve”, libro de la periodista inglesa Vicki Mackenzie, que relata la transformación de Diana en Tenzin Palmo, la segunda mujer occidental ordenada monje budista.

Focus on Women nos invita a sumergirnos en esta fascinante cultura hindú, a conocer la fortaleza de sus mujeres, sus reivindicaciones y su increíble mundo espiritual, que las lleva a imponer su carácter en una compleja sociedad dominada por clanes.

Anímate a viajar a este maravilloso lugar donde conocerás a los Sikhs de melena larga, santones y monjes tibetanos que harán ofrendas a tu paso dejando un rastro de flores y buenos deseos. http://focusonwomen.es/viajar-a-la-india/dharamsala/