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Día Internacional de Apoyo a las Víctimas de Tortura: Sin clemencia

No tengo por costumbre escribir sin conocer de qué hablo, sin haberlo investigado, trabajado o vivido. Es una cuestión de lo que entiendo que viene a ser “ética profesional”. Supongo que será fácil contar una guerra a través de los reporter enviados por los compañeros que sí se la juegan sobre el terreno, viendo sus imágenes, sus crónicas y opinar, escribir o hablar como si uno supiera de qué va el tema, lo que implica, lo que se siente o lo que cuestan cada palabra y cada imagen. No sé, igual es que es cierto que tiene que haber de todo en este mundo, pero hay cosas y cosas… Es por ello que para poder escribir hoy sobre torturas, de nuevo me he pringado hasta las cejas de este que es, emocionalmente, uno de los trabajos más complicados que he hecho en mi vida, lo confieso. De verdad que no me bastaba con ver que la ONU soltará hoy su chorro anual de cifras al respecto. Datos escalofriantes que se pierden en el espacio porque, en realidad, a nadie le importan. Cada uno, seamos francos, se mira su ombligo y no tiene cuerpo ni ganas de hacerse mala sangre con las heridas de otros, ni con el sufrimiento ajeno y menos ahora, cuando ya tenemos los pies oliendo a playa. Mal endémico de la sociedad mundial que acabará por pasarnos tremenda factura. Si no, al tiempo… Y ojalá me equivoque.

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El día 26 de junio fue elgido por la ONU para apoyar a las víctimas de la tortura.

Es probable que este año esté más motivada aún a escribir para FOW sobre la tortura, porque da la coincidencia de que tengo un compañero y amigo saharaui preso, que fue torturado salvajemente y que lleva en su cuerpo marcada a sangre y fuego la indolente mano del abuso de poder y de la discriminación. Y ya llueve sobre mojado, porque hace año y medio sufrió la primera detención por ser activista defensor de su causa, la autodeterminación del pueblo saharaui. Estuvo varios días detenido. Le buscábamos con impaciencia, ansiedad y, si me apuras, hasta con cierta desorganización. Y es que, de verdad, hierve la sangre de impotencia y rabia, mientras te invade un miedo cerval que se apodera del alma cuando no tienes ni idea de qué hacer, cómo ayudar, ni siquiera cómo saber de su paradero. Os diré que apareció con el cuerpo hecho añicos, abandonado en los contenedores de basura de la parte trasera de un hospital en El Aaiún, capital del Sahara Occidental ocupado por Marruecos. Muchas cosas le pasaron después, a él y a su familia. Maldita política. Su vida siguió adelante en la lucha, porque su pundonor y su orgullo le hicieron continuar reivindicando la independencia de su pueblo, aún a sabiendas de que los medios desafiaban las normas impuestas por el opresor y suponían un riesgo muy alto para su integridad física. Paga caro su activismo, pero sé que no le importa, porque es prioritaria la libertad de su pueblo. De nuevo le han detenido y ahora sí, ahora está preso en la Cárcel Negra de El Aaiún, donde permanecía recluido el día que cumplía los 23 años.

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Miles de presos sufren torturas en el s.XXI en 112 países.

Esperamos la celebración inminente de un juicio penal que ya se augura injusto, porque en él prevalecerán falsos cargos avalados por confesiones conseguidas a golpe de violaciones de su dignidad, con prácticas que sólo pensarlas duele, espantan y fustigan sentimientos que claman al cielo por un poco de humanidad, porque clemencia no se pide… La clemencia para ellos, para los torturadores, que la rogarán algún día, ojalá.

 

La tortura es una de las formas más graves de violación de los derechos humanos.

La tortura es una de las formas más graves de violación de los derechos humanos.

Y es que no se puede permitir que en pleno siglo XXI millones de personas sean víctimas de torturas en 112 países del mundo. Como un choque en cadena que provoca juicios injustos armados en torno a confesiones obtenidas, como digo, bajo malos tratos y torturas; detenciones de presos de conciencia; homicidios ilegítimos en tiempos de paz o desapariciones forzosas. Ya lo dice el refrán, la violencia engendra violencia, es un círculo vicioso. La tortura es una de las formas más graves de violación de los derechos humanos e impone un costo terrible a millones de personas y a sus familias. Permanecer desnudo atado de pies y manos es una humillación, es un trato degradante que queda casi en anécdota ante las prácticas salvajes que saben que viene después. La violación sexual, los golpes en las plantas de los pies, la asfixia por inmersión, las quemaduras, la aplicación de corriente eléctrica, la privación del sueño, las sacudidas y las palizas son métodos habituales de los torturadores para quebrantar la personalidad del detenido y conseguir esas ansiadas respuestas en las que la mentira se hace verdad para salvar la vida, aunque fragüe su condena. Los daños físicos son tremendos, pero curan con el tiempo. Las secuelas psicológicas y emocionales, por el contrario, permanecen ancladas para siempre en sus recuerdos y remueven lentamente las ansias de venganza con la voz recurrente del torturador al que nunca se olvida.

La violación sexual, los golpes en las plantas de los pies o la asfixia por inmersión son algunas de las prácticas de tortura que se utilizan.

La violación sexual, los golpes en las plantas de los pies o la asfixia por inmersión son algunas de las prácticas de tortura que se utilizan.

 

En el Día Internacional en Apoyo a las Víctimas de Tortura reconozco que me duele más tener que profundizar en las hondas heridas de las madres de estos saharauis que son torturados, como la de mi amigo, que le tiembla la voz y duda de sus respuestas porque no sabe cuán perjudicial podrían llegar a ser sus palabras para el futuro de su hijo preso y de los demás. Desde fuera uno puede reconocer que la tortura es la más atroz violación de la dignidad humana y que nunca puede ni podrá justificarse invocando a circunstancias excepcionales, pero desde dentro cobra una dimensión distinta y cada gota de la sangre vertida de un torturado, pinta de rojo los pedazos de corazón de sus madres. En el día de hoy se conmemora la fecha en que entró en vigor, en 1987, la Convención de Naciones Unidas contra la Tortura y otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes. No sé cómo gritarle tan alto que le llegue hasta su celda la fuerza que le mando, la solidaridad con que le acompaño y la certeza que quisiera que tuviera de que, ojalá, llegará el día en que se hará justicia sobre cada una de sus cicatrices, las del cuerpo y las del alma.

 

No podemos cerrar los ojos mientras la mitad de la Humanidad es considerada “ciudadano de segunda”. A veces me pregunto qué precio nos costará tanta arrogancia y tanta mediocridad…

 

By | 2018-03-28T09:54:44+00:00 junio 26th, 2014|Blog, FOW Solidaria|0 Comments