Sissi viajera

Conocimos una versión muy edulcorada que interpretaba guapísima Romy Schneider en la televisión. En aquellas películas Sissi era una niña muy mona que habitaba en suntuosos palacios y cuya estela todos los hombres seguían. Ella era feliz así, con su maridito el emperador Francisco José, sus hijos, la corte… pero los libros y, según parece, la realidad, muestran otras caras muy distintas.

Al parecer, la emperatriz de Austria-Hungría era una gran escapista infeliz con su entorno. Incapaz de adaptarse al mundo de lujo y fantasía que le había tocado vivir, Sissi solía viajar siempre que podía huyendo de la vida en la corte. Solía hacerlo en su barco de vapor, llamado Miramar y se rodeaba de profesores (entonces no había Internet) que iban ilustrándola en cuantas inquietudes mostraba. En su séquito iban también caballos, perros y cabras, parece que le proporcionaban su ración de leche necesaria.

Cuentan los libros que huía porque los médicos le aconsejaban “un cambio de aires” además de que ella amaba viajar. Se extasiaba en Grecia, ya que estaba obsesionada con la belleza y consideraba la helenística como el gran ideal. De todos era conocida su gran cultura y su dominio del idioma griego.

En la isla de Corfú encontró Sissi un refugio para sus momentos de fuga. Y así, mandó construir el famoso palacio del Achilleion (Ajilion, dicen los griegos) en el lugar que fue la mansión de un millonario de Corfú, Petros Vrailas Armenis, tras la sugerencia el cónsul austriaco Alexander Von Watzberg. Corfú pasaría a ser, desde entonces, uno de sus lugares favoritos a los que acudíría de manera intermitente.

Está a unos 10 km. del centro de Corfú y se puede llegar en autobús. Está muy bien señalizado. Es un lugar espectacular desde el que se domina gran parte de la isla. De alguna manera recuerda a la residencia de verano de los Romanov en Yalta. En Corfú todo el mundo conoce el Achilleion.

El nombre de Achilleon fue dado por la misma emperatriz en honor al héroe homérico Aquiles, a quien admiraba por su fuerza y belleza divina. El edificio es de estilo pompeyano y está decorado por entero con esculturas de la mitología griega. A la entrada, una de Elizabeth. Dentro, algunas de sus fotografías, ninguna después de los treinta años.

En 1898 la emperatriz fue asesinada en Ginebra por el anarquista italiano Luigi Loucheni. En 1907 los herederos de Elizabeth vendieron el palacio al emperador de Alemania y rey de Prusia Guillermo II. Durante sus visitas, el palacio pasó a ser centro de la vida diplomática europea. Después, en la primera guerra mundial fue utilizado como hospital militar por los ejércitos franceses y serbios. Actualmente es un museo.

Mónica Hernández