Sicilia: la torre de Babel de las culturas

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Sicilia: la torre de Babel de las culturas

Si a uno le preguntasen por Sicilia diría “sí, es esa isla en el sur de Italia que forma la bota en dónde está la Mafia”. Claro está que tantas películas de El Padrino y la figura de Vito Corleone, tenían que tener un gran impacto en todos nosotros.

Sin embargo, en esas películas no nos contaron que Sicilia era algo muy distinto, una tierra en la que han dejado huella muchas civilizaciones, desde los griegos pasando por los bizantinos y por los normandos, hasta los españoles. Recordad que en tiempos de Carlos III, Nápoles y Sicilia pertenecían a la corona española.

Esta diversidad de culturas y el emplazamiento privilegiado que tiene esta isla en medio del Mediterráneo, la convierten en un lugar muy especial al que hay que ir sí o sí.

Los pocos españoles que vamos, solemos ir pensando que se trata de una isla pequeñita y manejable. ¡Qué equivocados estamos! Aunque te alquiles un coche, es una isla muy grande, con carreteras que en general dejan mucho que desear en las que la gente conduce como en un rally. Que hay que ir a 60 pues vayamos por norma a 120km/hora. Si ya has conducido por sitios complicados como Nápoles, estás preparado para enfrentarte a las carreteras sicilianas.

El siciliano, que es un dialecto del Italiano, tiene muchas similitudes con el español pero aún y con estás, resulta un poco difícil de entender. Sin embargo, como la gente es encantadora allí, la comunicación siempre fluye con el turista. ¿Y que mejor comunicación que preguntar cuáles son las especialidades culinarias de la zona?

Primera máxima, no pidas pizza a mediodía porque no se hace. De hecho, no en todos los restaurantes encontrarás pizza aunque digan que es la segunda mejor de Italia después de la Napolitana. Y la verdad es que teniendo en cuenta que tienen una gastronomía tan rica, la pizza sobra.

Dado que hay mucho pescado en la isla, la mayor parte de los platos tienen ese ingrediente y verduras (por supuesto) : pasta con sardinas , pez espada a la palermitana, etc… (todo ello con bastante influencia árabe). Si te gusta el dulce, además de los helados hay que probar los “Canolli” y la “Cassata”, típicos y deliciososn para los golosos.

La capital de Sicilia es Palermo, una ciudad caótica en la que hay que ir pendiente del bolso (sobre todo en el centro) pero con un encanto especial. En ella, se pueden encontrar representadas muchas de las culturas de las que hemos hablado.

La Catedral (construida por Constanza de Aragón en estilo gótico catalán), el Palacio de los Normandos y la Capilla Palatina (en arquitectura árabe y con mosaicos bizantinos), el Museo Arqueológico (con restos cartagineses, griegos y romanos), el Convento de los Capuchinos (para los macabros que quieran ver esqueletos vestidos y como los sicilianos prueban sus futuras tumbas) o las diversas iglesias barrocas y renacentistas….

Pero si lo que quieres es ver la vida de sus habitantes, te recomiendo una experiencia muy interesante que es pasar por el mercado de la Vucciria, un mercado en la calle en dónde la gente se para a tomar un chato mientras que compra sus verduritas y negocia con el vendedor. Todo un espectáculo.

Cerca de Palermo hay sitios erigidos en lo alto de las montañas como Monreale con una Basílica decorada con mosaicos bizantinos impresionantes. La existencia de este lugar se debe (como suele ocurrir en la historia) a luchas de poder y gracias a ellas, el Rey William II de Sicilia (que quería tocarle las narices al arzobispo) construyó una Basílica que compitiese con la Catedral de Palermo y lo consiguió ya que por dentro le da veinte vueltas a la Catedral..

En Sicilia existen lugares griegos casi en mejores condiciones que el Partenón como Segesta, Selinunte o Agrigento. Ir a Siciia y no ver esos lugares (aunque están un poco a trasmano) es una pena ya que el emplazamiento que tienen algunas quita el hipo. Tanto es así que merece la pena incluso sentarse tranquilamente y trasladarte en el tiempo para imaginar como vivían los griegos que para eso de construir templos sabían latín (casualmente).

Y hablando de latín, existen pocos sitios que me suelan dejar impresionada después de haber viajado tanto, pero los frescos de El Casale, un lugar cerca de Villa Armerina, sí que lo han conseguido. Se trata de la antigua vivienda de uno de los gobernadores romanos cuyos suelos están todos hechos de mosaicos.

¡No quiero imaginarme como debería ser vivir en esa casa ! Tendría que ir dando saltitos para no pisar. Este señor gobernador se dedicó a lo largo de 30 años a crear un casa en dónde uno de los dibujos más importantes son las chicas en bikini. ¡¡¡¡¡Y es que en tiempos de los romanos ya existía el Bikini!!!!!

El sureste de Sicilia, es la cuna del Barroco y de los helados. Lugares como Ragusa Ibla o Noto (los mejores helados de Italia) son una explosión de casas solariegas con calles perfectamente diseñadas y de una gran belleza.

En los dos casos, tras un terremoto la población decidió dejar sus casas para construir una nueva ciudad en otro lado y crear uno de los lugares más bonitos de Sicilia por su arquitectura y paisaje.

Cerca de Ragusa existen sitios como Módica (con una super fábrica de chocolate), Megara Iblea, Palazzolo Acreide o Pantálica con cuevas que servían de necrópolis, que merece la pena visitar para ver épocas anteriores.

Esta zona forma un triángulo con Siracusa, ciudad costera altamente conocida por haberla intentado invadir hasta el apuntador. Aunque se trata de una ciudad muy turística no hay que perdérsela no sólo porque allí todavía se puede contemplar un teatro romano bastante bien conservado sino porque en su isla Ortigia encontraréis edificios y calles sorprendentes.

Tanto es así, que el Duomo de Ortigia es una iglesia literalmente construida encima de un templo griego. ¡En mi vida había visto una iglesia con columnas dóricas por dentro! Es algo así como la Mezquita de Córdoba pero a la Siciliana.

Cerca de Siracusa, se encuentra Catania, la capital financiera de Sicilia en dónde lo único interesante que hay que ver es su mercado de pescado. Cerca de allí es obligada la visita al “Capri siciliano”: Taormina. Aunque se trata de un lugar en dónde en función de la época del año en la que vayas no cabe ni un alfiler de turistas, es un sitio que no hay que perderse por su teatro greco-romano.

Aunque los romanos y posteriormente los españoles se lo cargaron un poco poniéndole ladrillos y otros menesteres, estar oyendo una obra de teatro con el volcán Etna (todavía en actividad) y el mar ante tus ojos, resulta una experiencia inigualable. En el mes de mayo hay un festival de teatro en dónde las entradas se agotan inmediatamente. ¡Quien no querría ser actor o músico para actuar en dicho escenario!

Normalmente los días que voy a ver montañas importantes se llenan de nubes: Kilimanjaro, Monte Fuji, etc…. Pero en este caso pude ver el Etna en todo su esplendor. ¡¡¡¡Se acabo el gafe con las montañas!!! Así que nada mejor para acabar un viaje que poder subir al Etna o visitar sus Gargantas para empaparte de la naturaleza del lugar.

La ventaja de Sicilia es que no hay un volcán sino varios.¿Quién no ha oído hablar del Strómboli?(conocido gracias al libro de Julio Verne “Viaje al centro de la Tierra”).

Pues si quieres playita para rematar un viaje chulísimo, aprovecha unos días en las islas Eólias pero nunca en agosto porque son el sitio de veraneo de los sicilianos y están a tope.

Por supuesto que en Sicilia hay otros muchos sitios interesantes como Erice (un pueblo medieval en el noroeste de la isla), Cefalú o la costa norte, pero para eso hacen falta muchos días.

En definitiva, se trata de una isla con una magia especial que no te decepcionará ya que tiene historia, mar, montaña, buena cocina y gente encantadora ¿Qué más se puede pedir?.

Alice Fauveau

By | 2018-03-28T10:55:38+00:00 enero 31st, 2010|Blog, Italia, Viajar sola con FOW a|Sin comentarios