Segunda parada: Kioto

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Segunda parada: Kioto

Foto Eleonora Tafuro

Un tren bala, el shinkansen Hikai, recorre cada 20 minutos los 526 kilómetros que separan Tokio de Kioto en dos horas y media. Esa es la distancia que hay entre el huracán de la metrópoli y el ambiente sosegado que se respira en esta ciudad de un millón y medio de habitantes y capital de la región de Kansai.

La mejor forma de desplazarse es en bicicleta: todo el mundo la usa. El centro de Kioto es como una lamina perfecta sin ondulaciones elevada tan solo 74 metros sobre el nivel del mar. Y los jardines son de un diseño delicadísimo de guijarros rastillados, canales de agua con nenúfares y flores del loto, pequeñas terrazas en la orilla del rio, que al caer la noche encienden sus miles de farolillos rojos.

Sombras de geishas huidizas se mueven por las calles. Hay que atreverse a abrir puertas y apartar cortinas, porque al otro lado habrá un tesoro escondido.

Foto Eleonora Tafuro

Desde el año 794 hasta 1868, Kioto fue la capital del país. Cada detalle de la cultura tradicional japonesa tiene allí su origen. Cuenta con 17 lugares declarados como Patrimonio de la Humanidad y 1.600 templos budistas. Por eso, aunque resulte difícil escoger entre la oferta cultural e histórica de la ciudad, visitar el Templo Dorado y hacer una excursión de un día al pequeño pueblo de Arashiyama es un seguro de hacer lo correcto.

El templo Dorado tiene historia y literatura. Se llama Kinkaku-ji y es un edificio de dos plantas erigido en un jardín llamado El espejo de agua, con un estanque sobre el que flota el pequeño templo y que refleja su imagen dorada. Data de 1397, aunque el edificio actual fue reconstruido en 1955 después de que un monje budista lo incendiara, aduciendo que sentía rechazo por la belleza.

Foto Eleonora Tafuro

Un año después el gran escritor japonés Yukio Mishima inmortalizó este suceso en su liba El Pabellón Dorado, donde se narran los avatares de la desdichada biografía de este joven que llegó a identificar sus desencuentros personales con los delicados cimientos del edificio que redujo a cenizas.

Esta historia está muy bien reflejada en la película biográfica Mishima de Paul Schrader, que también ahonda en las razones que llevaron el célebre escritor a acabar con su vida siguiendo el método tradicional del seppuku o harakiri, términos japoneses empleados para denominar un suicidio ritual por desentrañamiento. Esta práctica era común antaño entre los samuráis, para los cuales la muerte significaba un asunto de honor, y la muerte por vejez o causas naturales no era algo deseable.

Antes de entrar en el templo, hay que lavarse las manos y la cara con las fuentes de agua presentes en el jardín, e purificarse con el humo de los miles de inciensos encendidos en la entrada.

Para dar por finalizada la estancia en Kioto, antes de ir a su vanguardista estación de tren para continuar el viaje se puede visitar Arashiyama. Este lugar es una joya de la naturaleza con bosques de bambú, templos milenarios y una colina desde la que se divisa la extensión horizontal de Kioto. Alii, cientos de monos salvajes juegan y retozan a sus anchas entre turistas asombrados.

Foto Eleonora Tafuro

En Kioto nos encontraremos con la magia del Japón clásico dónde la gente todavía viste kimono, mezclada con la rabiosa modernidad del Japón actual. Kioto es una ciudad que difícilmente se puede olvidar. A los más de 1.600 templos budistas, cientos de sintoístas, las villas imperiales, 200 jardines catalogados y algunos de los mejores museos del país se suma ese entorno tan peculiar que hace de Kioto una ciudad única en el mundo.

Foto Eleonora Tafuro

Eleonora Tafuro

By | 2018-03-28T10:23:55+00:00 octubre 18th, 2012|Blog, Japón, Viajar sola con FOW a|1 comentario