Nicaragua

Como gran seguidora de las señales que soy, un día, haciendo una entrevista para Comando Actualidad, mi programa televisivo de reportajes, al coordinador de la ONG Taller de Solidaridad, Rafael Veiga, sobre un tema que no viene a cuento, me dijo que recién acababa de llegar de Filipinas.

-Yo estuve hace un tiempo en Filipinas, también, le respondí, … qué inabarcable, qué pocas huellas coloniales quedan a pesar de lo gracioso que es escuchar su idioma oficial, el Tagalo, con tantas palabras en español…

-Sí… ha sido un viaje muy provechoso…

-Yo estoy buscando destino para irme ya mismo… hay señales que me llevan a Centroamérica… pero no me decido…

-Yo te recomiendo Nicaragua, allí estuve viviendo un tiempo, qué país tan increíble… estamos en contacto con ONG’s como INPRHU, que están realizando proyectos con mujeres trabajando con su autoestima … además conozco a Gladys Cáceres, la directora… fue perseguida por la dictadura somocista. En 1997 ganó el Premio Internacional a la Creatividad de la Mujer en el medio rural y hace poco ha sido galardonada como Ciudadana del siglo.

-¿Ciudadana del siglo?, ¿Premio Mujer Rural?, ¿proyectos con mujeres?, ¿Nicaragua?
El siguiente plano era yo en un avión Madrid-Managua.

-¿Gladys?, Soy Mónica Hernández, periodista, viajera impenitente. Me encantaría conocerte y ver cómo está la situación de la mujer nica para que hagáis tantos proyectos con ellas…

Gladys Cáceres © Mónica Hernández

-Bienvenida a Nicaragua, soy la Mamá Zorra.

-¿Cómo?

-Aquí no tiene el mismo significado que allá. Acá soy la mamá de todos esos zorritos y zorritas que son un poco mis hijos, mi gente, la razón de mi trabajo, de mi lucha… así me conocen acá.

-Leí tu biografía en un libro de mujeres líderes…

-Las auténticas mujeres líderes son las que cambian su mentalidad y mejoran su autoestima día a día. Nos cuesta muchos años… pero nada está escrito en piedra.

-Nada está escrito en piedra… qué bonito…

Al paso nos sale una niña que se abraza a Gladys.

-Mamita… la quiero mucho… ¿cómo está? A ver si nos viene a visitar un día a mi mamá y a mí…

Me llama la atención el carisma de Gladys. A nadie deja indiferente. Todo el mundo la quiere…

-¿Quién eres? ¿En qué consiste la ONG que diriges, INPRHU Somoto?, cómo ves a las mujeres campesinas y dime qué hace falta aquí…

-Es una larga historia…

-Me quedan dos días en tu país. ¿Me la cuentas mientras me presentas a todas esas mujeres que, según vosotros han cambiado su autoestima?

El siguiente plano era subiéndonos a un coche rumbo a San José de Palmira, el norte de Nicaragua. Las montañas.

Gladys había sido maestra, sindicalista, universitaria, delegada del ministerio de Bienestar Social, había atendido a la población civil afectada por la guerra, había luchado contra las dictaduras y las injusticias, había vivido experiencias muy duras ayudando a las víctimas de la Revolución.

-Para mí fue bien aleccionador ver personas que en su vida cotidiana, sin tener grandes recursos, salían adelante. Miraba su generosidad, su entrega a otros en la misma comunidad. Eso me sirvió siempre de ejemplo, me inspiró para luchar, para apoyarlos. No eran modelos de personas porque estaban en las alturas, sino por su valor, su honestidad, sus principios, su sencillez, su humildad…

En ese momento pensé que el camino hacia el norte de Nicaragua era también mi camino. ¿Me estaba dirigiendo a la región más pobre de América o me estaba enriqueciendo por momentos?, ¿quién me había regalado estos momentos en mi improvisado viaje sin nada incluido?

Gladys había estado más de treinta años trabajando en el Desarrollo Rural, se había casado con el pintor Guatemalteco Luis Álvarez, que había dejado una vida de lujo y ostentación en Guatemala por venir a Nicaragua a apoyar a esta soñadora. Juntos habían tenidos dos hijos, muchos nietos, grandes amigos y a todos rodearon de mucho amor.

Llegamos al poblado. Menos de veinte casas de cemento recién hechas, nuevas. En cada casa, una familia. En cada familia, un proyecto. En cada proyecto, un sueño. Un lugar tranquilo en medio de las montañas verdes. Tierra y cielo. Un inmenso cielo azul. Probablemente las mismas posesiones de sus habitantes.

Han aprendido a coser © Mónica Hernández

Hace un año que había comenzado a construirse un asentamiento para mujeres. Eran campesinas que no tenían casa y se ofrecían por los pueblos como mano de obra barata para lavar ropa, cortar café y había mucho hacinamiento. Las más adultas estaban muy afectadas por la guerra y el machismo.

El horno de piedra de la comunidad de San José de Palmira © Mónica Hernández

-Ahora la idea es que sean campesinas-guías de turistas. Cada una ahora realiza unas tareas. Algunas elaboran y lo venden, con lo que ganan algún dinero y eso les permite ser autosuficientes. Otras cosen, hemos comprado máquinas de y hacen arreglos con su consiguiente dinero a cambio. Pero lo mejor es que se está construyendo un ecoalbergue y se han acondicionado las viviendas de l@s poblador@s para que puedan alojar turistas.

Han aprendido a hacer pan © Mónica Hernández

-¿Van a recibir turistas aquí?

-Sí, este año comienza la experiencia. Los turistas van a poder degustar café tostado artesanalmente, tortillas, pan… todo elaborado por ellas. Van a poder convivir con ellas y el intercambio va a ser tremendo. Ya se ha hecho un proyecto piloto con veinte canadienses que han quedado encantados.

Se está construyendo un comedor para turistas © Mónica Hernández

-¿Tan mal está la situación de la mujer en Nicaragua para que haya que trabajar por su autoestima? ¿Y tú has vivido eso en tu familia?

-Para mí el tema de género tiene sus raíces profundas en mi familia, pues mi abuela, al quedar viuda muy joven, se enfrentó sola a la vida poniéndose a la cabeza de todo, coordinándolo junto con sus hijos. Ella trató por igual a sus hijos y sus hijas, nada de “los hombres tienen un lugar y las mujeres a la cocina”. Ahí los hombres cocinaban y las mujeres tomaban decisiones igual que los hombres.

¡Claro que en el campo uno se encuentra mujeres solas criando a sus hijos!, por lo que es importante fortalecer la parte espiritual de estas mujeres, hacer que tengan confianza en ellas mismas y reconozcan su propia fortaleza. Pero si esta mujer tiene medios para salir adelante, como ser dueña de la tierra o tener la potestad para decidir sobre el destino de su cosecha, eso la reafirma como persona. Entonces la propiedad a su nombre, el crédito a su nombre es muy importante en la vida de una mujer, pero no es suficiente si no tiene confianza en sí misma y no se estima.

Razón tiene Gladys… Me quedo con ganas de pasar más tiempo con ellas.

Efectivamente veo cómo elaboran tortillas, las veo cosiendo, las veo recogiendo hortalizas de la tierra… nuestra vida ha cambiado mucho, me aseguran todas. María, Marta, Sonia, Yasmina… muchachas muy jovencitas en su mayoría…

-Contamos el tiempo que falta para que lleguen los turistas y poder, así, conocer el mundo a través de ellos.

De allí nos dirigimos a otra comunidad de mujeres, El Jobo. Con Felipa a la cabeza, que nos recibe asomando su carita por la ventana de su casa rodeada de plantaciones, estas mujeres que antes no salían de sus casas han aprendido a procesar sus propios productos para darles un valor agregado y venderlos después en el mercado o a sus mismos vecinos.

Han aprendido a hacer mermelada © Mónica Hernández

Felipa nos invita muy humildemente a entrar. Lo primero que me llama la atención es que está la tele encendida y una gallina la mira muy atentamente mientras calienta sus huevos. Es una casa en el campo. Nos invita a lo que queramos, té, tortillas de maíz que en ese momento está haciendo a mano su hija… pero no queremos nada. Nos vamos a visitar a su grupo de mujeres campesinas que están cortando piña para hacer mermelada y venderla. No sin antes acompañar a Felipa a extraer agua a mano de la fuente que tiene en su parcela. Felipa ahora lidera a las mujeres de su comunidad. Me dijo que era soltera. No quise indagar más. Muchas mujeres de las montañas son viudas de guerra. Otra son abandonadas por sus parejas desde muy jóvenes.

Felipa extrae agua de su fuente © Mónica Hernández

-¿Qué piensan los hombres de esto?

-También hemos tenido que trabajar con ellos… no puede ser sólo con ellas, a ellos también hemos tenido que hacerles ver que la mujer es igual. En Centroamérica, desgraciadamente, aún impera la cultura patriarcal, muchas mujeres se someten a los hombres porque creen que deben hacerlo… nosotros trabajamos mucho con ellos y ellas para que dialoguen y puedan entenderse.

La cooperación española es fundamental © Mónica Hernández

-Y todo esto, ¿con qué dinero lo habéis construido?

-Casi todo con cooperación española… tu país es uno de los más activos, uno de los que más nos ha ayudado… gracias a eso estas mujeres han cambiado su vida.

-Gladys y ahora ¿Cuál es tu siguiente paso?

– Quiero seguir contribuyendo a disminuir la pobreza y el hambre. Aspiro a seguir generando alegría, entusiasmo, fe, esperanza y felicidad de los grupos a quienes acompaño.

Felipa © Mónica Hernández

Sin quererlo, sin más, ya soy una hijita de la Mamá zorra. Ya sólo pienso en juntar días en mi trabajo para poder volver. Gladys aún tiene muchos proyectos que enseñarme. Y sus mujeres muchos ejemplos que dar. En Nicaragua, uno de los países más castigados de América, me sentía protegida por la tierra, me sentía grande porque nuevamente un viaje había entrado en mí. Y me sentía, al mismo tiempo, pequeña ante esa grandeza.

Mónica Hernández