Las mujeres computadoras del Observatorio de Harvard

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Las mujeres computadoras del Observatorio de Harvard

No podían votar y tampoco acceder a la Universidad, pero descubrieron galaxias y nebulosas y crearon métodos para medir distancias en el espacio. Entre 1885 y 1927, el observatorio de Harvard empleó cerca de 80 mujeres para estudiar fotografías en vidrio de las estrellas. Su historia, oculta durante décadas, está empezando a salir a la luz.

Las mujeres astrónomas del Harvard College .

Lindsay Smith Zrull afirma que su intención era la de buscar referentes, figuras femeninas que hubieran hecho cosas interesantes, mujeres inspiradoras. Y las encontró. Estas anónimas astrónonomas fueron famosas un día. Los diarios escribieron sobre ellas y llegaron a publicar estudios científicos con sus nombres pero, cien años después, fueron completamente olvidadas. No ha sido hasta el  descubrimiento reciente de miles de páginas de sus cálculos cuando el interés por estas “Figuras Ocultas” se ha renovado. Lindsay Smith Zrull trabaja con las placas originales. Cada una de ellas está guardada en un sobre de papel con las iniciales de la persona que trabajo en ella. Sólo las iniciales; durante décadas, nadie registró el nombre completo de las computadoras femeninas. Por eso Smith Zrull ha creado una planilla en la que añade todas las iniciales nuevas que encuentra y luego trata de ubicar los nombres completos en los archivos históricos de Harvard.  En la actualidad, ya tiene 130 nombres,aunque por el momento 40 están sin identificar.

 

No todas las letras corresponden a las computadoras. Su lista incluye asistentes y, en algunos casos, esposas de astrónomos que ayudaban a sus maridos con el trabajo, lo que no deja de ser sorprendente, si se tiene en cuenta que las mujeres todavía estaban buscando aprobación social para ir a la universidad. El proyecto de digitalización del Centro para Astrofísicos Harvard-Smithsonian, que dirige Smith Zrull ,quiere hacer accesible al público estas imágenes del cielo. El proyecto comenzó en 2005 y ya se ha ha logrado escanear más de medio millón de imágenes capturadas entre 1885 y 1993.

Pero, a medida que el equipo avanzaba escaneando las imágenes, Smith Zrull se dio cuenta de que muchos de los libros de las astrónomas no estaban en su sitio. Fue así como la investigadora encontró 118 cajas, cada una de ellas con entre 20 y 30 libros. Dentro había más cuadernos de notas de las computadoras y de astrónomos de los tiempos previos a la fotografía, con bocetos de los planetas y la Luna. Para rescatar este legado, la curadora contó a ayuda de un grupo de bibliotecarias para abrir y catalogar caja por caja. Así fue como nació el proyecto PHAEDRA (siglas de Preserving Harvard’s Early Data and Research in Astronomy).

El equipo de Lindsay ha logrado conocer las identidades y los trabajos de unas 130 oersonas

Uno de los trabajos que recuperaron fue el de Williamina Fleming, la primera computadora famosa de Harvard. Fleming, emigrante escocesa, había sido abandonada por su esposo y estaba embarazada,cuando comenzó a trabajar como criada en la casa de Edward Pickering, director del observatorio. En 1881 comenzaría a trabajar en el propio Observatorio donde descubrió la nebulosa Cabeza de Caballo, desarrolló un sistema para clasificar estrellas, y dirigió grupos de mujeres computadoras.

 

Pero Fleming no fue la única.  Le siguieron  otras mujeres que dejaron su huella en la astronomía. Mujeres increíbles, como Hernietta Leavitt, cuya misión era medir y catalogar el brillo de las estrellas, y cuyo mayor descubrimiento fue cómo medir la distancia en el espacio, hoy conocida como la “Ley de Leavitt”. O como Annie Jump Cannon que creó el Sistema de Harvard para clasificar estrellas aún vigente en la actualidad. O  como Cecilia Payne-Gaposchkin, que llegó al observatorio en 1923, pero tardaría más de 25 años en convertirse, no solo en profesora, sino en la primera mujer en dirigir un departamento en Harvard. Todas ellas comienzan a disfrutar del reconocimiento que la historia les negó, gracias al exhaustivo trabajo de otra mujer, Lindsay Smith Zrull, la investigadora que, 100 años más tarde, se ha propuesto rescatarlas del olvido.