Hedy Lamarr, del primer desnudo integral a la invención del Wi Fi

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Hedy Lamarr, del primer desnudo integral a la invención del Wi Fi

Su vida tiene todos los ingredientes de una gran película. Quizá, de hecho, el mejor papel de Hedy Lamarr habría sido el de interpretarse a sí misma. Google ha anunciado que financiará una serie sobre la joven austríaca que pasó de ser el rostro del orgasmo femenino a patentar la tecnología que haría posible la Wi Fi.

 

Hedy Lamarr fue, antes que nada, Eva Maria, hija de padres judíos – una pianista húngara y un banquero ucraniano – pertenecientes a la burguesía austriaca. educada en los más prestigiosos colegios, desde muy pequeña fue considerada superdotada, debido a las altas capacidades que mostraba en la escuela, especialmente para la música y las matemáticas. Empezó sus estudios de Ingeniería a los 16 años, al mismo tiempo que empezaba a actuar, pero los abandonaría para estudiar teatro como alumna del director Max Reindhardt. De 1930 a 1933 participó en un total de cinco películas, pero sería internacionalmente recordada por una secuencia de Éxtasis, un film checo que mostraba por primera vez un desnudo integral femenino y el rostro de la joven actriz durante un orgasmo. 

 

Hizo una treintena de películas en Hollywood, siempre en el papel de morena misteriosa y exótica.

La película enfureció a sus padres, a la sociedad puritana de la época y al Papa Pio XI quien abogó por prohibir la película. Se dice, de hecho, que Friedrich Mandl, su primer marido, catorce años mayor que ella, trató sin éxito de comprar todas las copias. Ese fue el principio del fin de un matrimonio, al que la propia Hedy calificaría como un período de auténtica esclavitud, en el que se vió obligada a abandonar su recién estrenada carrera cinematográfica, y en realidad cualquier atisbo de vida social, ya que su marido, extremadamente celoso, la mantuvo encerrada en casa, bajo un control estricto. Mandl era proveedor armamentístico – además de amigo personal – de Hitler y Benito Musolini, y Hedy Lamarr, contaría con posterioridad que utilizó su época de reclusión doméstica para continuar con sus estudios de ingeniería y para “empapaparse”, gracias a los proveedores de su marido -para quien la bella joven era poco más que una esposa-florero -, de los detalles de la industria armamentística de la época, información que cedería a la Administración de los Estados Unidos, años más tarde.

Hay distintas versiones sobre como Hedy consiguió – literalmente – escapar de su poderoso marido y llegar hasta la ciudad de París y de allí a Londres en el año 1937. Allí conocería a Louis B. Meyer, empresario de la Metro Goldwyn Meyer, y decidida a no perder aquella oportunidad, vendió todas sus joyas para pagarse un pasaje el barco que le llevaba  de vuelta a EE.UU. Se dice que cuando el barco arribó a suelo americano, la joven austriaca ya tenía un nombre artístico – Hedy Lamarr – y un contrato de 7 años como actriz. Su fama y el escándalo la avalaban, por lo que Hollywood la recibió con los brazos abiertos. Este fue su regreso a la gran pantalla tras un lapso de 4 años. A partir de ahí, y durante 20 años más protagonizaría una treintena de largometrajes como Alger, Lady of the Tropics ,  I Take This Woman , Camarada XCenizas de amor, Noche en el alma,  Pasión que redimeSansón y DalilaUna mujer sin pasaporteMi espía favorita o Female Animal. Pese a que no destacaba especialmente por sus dotes interpretativas, trabajó junto a los mejores directores del momento y a galanes de la talla de Clark Gable, pero, curiosamente, renunció a los papeles que harían famosa a Ingrid Bergman en Casablanca y Luz que agoniza.

 

 

En la película Sansón y Dalila, una de las que más fama le proporcionó.

Sistema secreto de telecomunicaciones

Su etapa de actriz, conocedora y protagonista de las mil y una frivolidades de Hollywood parecen casi una tapadera cuando se conoce la otra gran pasión a la que dedicó su vida. Hedy Lamarr, perfecta conocedora de los horrores del nazismo a través de la figura de Mandl, su primer marido, muy cercano a los fascismos europeos, había ofrecido ya al gobierno de su país de acogida toda la información confidencial de la que disponía, pero además quiso contribuir a la victoria aliada con sus conocimientos para implementar nuevas tecnologías militares.

Se dice que el gobierno estadounidense le pidió que usase su belleza en lugar de su cerebro para contribuir a la victoria aliada. Y de hecho lo hizo. Se vendieron millares de bonos de guerra, cuyos compradores obtenían un beso suyo como contraprestación, para contribuir a las costas de conflicto bélico, pero esto no fue suficiente para ella. Sabedora de la resistencia de los gobiernos a la fabricación de un misil teledirigido por miedo a que las señales de control fueran interceptadas por el enemigo, la joven austriaca y su amigo, el compositor George Antheil, idearon lo que denominarían Sistema de comunicación secreto, registrado bajo la patente 2.292.387 . Esta versión temprana del salto en frecuencia, inspirada en una frecuencia musical, proponía una técnica de modulación de señales en espectro expandido, y usaba un par de tambores perforados y sincronizados para cambiar entre 88 frecuencias, a imitación de las 88 teclas del piano. Se ideó para la fabricación de torpedos que fueran indetectables por los sistemas de comunicaciones enemigos. El propio New York Times reconoció la existencia del invento que no podría ser aplicado hasta mucho más tarde, en el año 1957 por la empresa Silvanya Electronics, cuyo equipo de ingenieros reconoció en su totalidad la patente a Lamarr y Antheil.

El primer uso conocido de la patente se dio en la crisis de los misiles de Cuba para el control remoto de boyas rastreadoras marinas. La misma técnica se incorporó en la guerra de Vietnam y, más adelante, en el sistema estadounidense de defensa por satélite. No sería hasta la década de los 80, cuando el sistema de espectro expandido pudo salir de su escenario bélico para aplicarse por primera vez en ingeniería civil. La irrupción masiva de la tecnología digital, en esa misma década, propició el empleo de la  conmutación de frecuencias para implantar la comunicación de datos que hoy conocemos como WI FI.

Hedy Lamarr, afortunadamente, tras varios matrimonios y una vida plagada de escándalos, vivió para ver todo esto. Murió a edad avanzada en Florida el 19 de enero del año 2000. Cada 9 de noviembre se celebra el Día del Inventor en honor a su fecha de nacimiento. Google, el gigante de Internet, prepara una miniserie sobre su vida.