Hammam

Mete la mano en mi entrepierna y me frota las ingles con fruición. Mascullando vocablos dulces cuyo significado no entiendo, la mujer le habla a mi desnudez como si fuera la de un bebé: en la cadencia de su tono entiendo un “¿ves qué bien? hala, un poco de jabón por aquí, otro poco de agua allá, así, bien limpita, ¿ves qué a gusto?”. Llena el cubo con agua caliente una vez más y me lo lanza a la cara. La transparencia explota en mis ojos y arrastra las virutas de piel muerta que la manopla de la mujer ha exfoliado de mi cuerpo, dilata mi piel y evapora el aroma acre del jabón negro de aceituna con el que ha lavado mi cuerpo entero con esmero. El vaho florece y enjaula a la luz del baño embaldosado.

Antes de ordenarme que me recueste sobre el suelo, la mujer derrama otro cubo de agua caliente sobre los azulejos para entibiarlos. Se agacha arqueada sobre la barriga abultada que redondea a su delantal de cuadros, y con dedos buceadores masajea mis piernas, mi cuello, mis brazos, mis pechos y mi vientre.

Chorreando agua todavía, salgo del baño y sigo a la mujer hasta el vestuario. Reunión de sirenas desvestidas. Bragas, risas, parloteos, tetas, sonrisas desdentadas, muslos, michelines, sandalias y nalgas generosas se mezclan en el aroma húmedo de la piel limpia y desnuda en este akelarre inofensivo de diosas en fase larvaria.

Después de peinarse, se recogen el pelo y empiezan a acorazarse para salir a la calle que comparten con los hombres, cuya mirada transforma la inocencia infantil de una desnudez entre hermanas en objeto de pecado del cual ellas, sólo por ser, son culpables. Leotardos, faldas, chilaba, pañuelo. Por último, se cubren también la sonrisa. Grises. Uniformadas. Invisibles. Fantasmas de mujer.

Marruecos. Un hammam cualquiera.

Eider Elizegi Telletxea

By | 2018-03-28T10:29:25+00:00 marzo 22nd, 2012|Blog, Marruecos, Viajar sola con FOW a|1 comentario