Camboya: la tierra de los árboles invasores y las minas antipersonales

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Camboya: la tierra de los árboles invasores y las minas antipersonales

Camboya es un maravilloso país bastante desconocido todavía que se encuentra en el Sureste Asiático. Algunas personas lo conocen por los videojuegos y la película de Tomb Raider en dónde una super Angelina Jolie desafía a todos los malvados encontrando la brújula que parará el tiempo.

Sin embargo, este país de cultura tan enriquecedora también es conocido por los miles de personas que murieron en los campos de trabajo en los tiempos de los Khmeres Rojos y por las minas antipersonales que todavía existen en el país y que han matado a tantas personas en los últimos años.

Camboya suele ser un destino que se utiliza como extensión a países como Vietnam, Tailandia o Birmania lo cual es una pena porque  tiene mucho que ver y habría que dedicarle más de 3 o 4 días.

Su capital Phnom Phen tiene muchas cosas que ver como el Palacio Real (con una pequeña casita regalada por Napoléon y todo), el Museo Nacional cuyo techo tiene tantas ramificaciones en forma de serpientes que acoge a la mayor comunidad de murciélagos del mundo, o las casas coloniales de la época francesa que bordean la rivera del río y que hoy en día se han convertido en hoteles o cafés.

Sin embargo, la joya del país son los templos de Angkor que se encuentran en la ciudad de Siem Reap. Esta ciudad es el centro neurálgico del turismo de la antigua Indochina, y no es para menos ya que se trata de uno de los lugares más bonitos del mundo y que afortunadamente no han sido destruidos en las diferentes guerras que han asolado la zona.

En Siemp Reap podrías estar un tiempo indefinido admirando los cientos de templos que van desapareciendo entre los árboles. La visita principal es la del Bayon con las inmensas caras que salen en todas las fotos y por supuesto Angkor Wat, ese bello palacio que se refleja en un lago lleno de nenúfares.

La cultura Khmer fue tan desarrollada y rica que se impuso en toda la zona entre el siglo IX y el XIV, y se extendió a otros países como el Sur de Vietnam o Tailandia. Los Khmeres eran reyes guerreros pero también artistas y construyeron unos templos para sus dioses budistas con muchas apsaras o bailarinas de pechos recios que hoy son Patrimonio de la Humanidad.

A pesar del trabajo de los arqueólogos, algunas partes de los templos están hoy invadidas por las raíces de los árboles que se han “comido” literalmente los templos y que le dan un encanto especial como a Ta Prohm.

No hay nada más colorido que ver a algún monje con su túnica azafrán paseando por aquellos templos. Parece como si el tiempo se detuviese y te desplazases a otra época.

Estos monjes, que afortunadamente han sobrevivido a la época de los Khmeres Rojos en la que fueron aniquilados por poseer la sabiduría que estos querían abolir, están siempre dispuestos a practicar su inglés con los turistas.

Es importante que todos seamos conscientes de lo que en ese país sucedió para entender por qué una generación entera ha desaparecido entre 1975 y 1979 debido a la locura de un grupo de campesinos que quisieron implantar el Maoismo a costa de matar a más de 250.00 personas.

En Siem Reap existe una librería llamada el “Tigre de Papel”, en dónde tendréis la oportunidad de ver algunas películas relacionadas con esta desgraciada época de la historia camboyesa.

Hay una experiencia que recomiendo también tener para ser más conscientes de la realidad del país y sobre todo de la de los niños. En Camboya, vive desde hace años un médico llamado Beatocello ,que se dedica a dar conferencias/concierto con su violoncello para explicar la realidad de los niños del campo y recaudar fondos para construir hospitales gratuitos para estos niños.

Estas conferencias tienen lugar en Siemp Reap y Phnom Penn y van destinadas a turistas. Acudir para conocer la situación médica no está de más ya que no nos podemos ni imaginar la cantidad de niños que mueren de encefalitis japonesa o dengue en ese país y no tienen derecho a Sanidad.

Pero hablemos también de tantas cosas buenas que tiene Camboya, como sus humildes y buenas gentes, la gastronomía del lugar (un poco picante pero deliciosa) que puedes probar en el “Angkor Green Restaurant”, o el paraíso de las compras en su mercado central o en mi tienda preferida “Les Artisans d´Angkor”.

Este lugar, que se concibió en sus inicios como un proyecto de cooperación para apoyar los oficios tradicionales y enseñar a aquellos que no tenían medios para aprender un oficio, hoy en día es autosuficiente gracias a la originalidad y calidad de sus productos. Allí podrás ver como se crían los gusanos de seda, se trabaja la piedra caliza o la madera y se te vacía la tarjeta de crédito a una velocidad fulminante.

Por Camboya pasa el Río Mekong que forma un Delta al llegar a Vietnam. Si te gustan los paseos en barco, merece la pena o venir desde Vietnam por el Delta o dar un paseo de uno o varios días por el Tonle Sap que es la versión camboyesa del mismo río. Esta experiencia es muy recomendable ya que mientras que el barco te mece, podrás ir observando los miles de templos que hay a lo largo del río y las costumbres de sus habitantes.

Si tienes más días disponibles es recomendable acercarse a Battanbang, con una arquitectura colonial de gran belleza o bajar hacia el sur a disfrutar de las espléndidas playas de Sihanoukville o Kampot para hacer buceo.

En definitiva, Camboya no sólo es el país de los maravillosos templos de Angkor, sino un lugar lleno de bellos paisajes, gentes maravillosas con un pasado desgarrador y un futuro prometedor gracias al turismo que cada vez va aumentando. Y es que una puesta de sol en la senda de los elefantes de Angkor es difícil de igualar.

Alice Fauveau

By | 2018-03-28T10:56:12+00:00 diciembre 1st, 2009|Blog, Camboya, Viajar sola con FOW a|Sin comentarios