Así es la vida de una geisha

Exótica, dramática, misteriosa. Acompañando a los señores ricos, vestida de un kimono rojo de seda bordado con hilo de oro – es lo que el mundo conoce bajo el nombre de “geisha”. La esencia de este nombre indica la vida de la propia geisha – “gei” significa arte y “sha” presencia o compañía. La Geisha se ha encargado siempre de servir y entretener a los hombres. Curiosamente, en sus orígenes fueron Geisha los hombres. La primera geisha mujer apareció en 1751 en Kyoto. Cincuenta años después se hicieron geishas exclusivamente las mujeres y sigue siendo así hasta hoy.

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Las geishas eran y todavía son el ideal de la feminidad de la cultura japonesa. Pero no fue este ideal por el cual  las chicas japonesas se convertían en geishas. En el pasado la elección de llegar a ser una de ellas no fue decisión suya sino de sus familias campesinas pobres, que vendiéndolas ganaban dinero para sacar a sus familias adelante.

 

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La vida de una geisha no era nada fácil. Esta misión de toda la vida estaba precedida de varios años de preparación y trabajo duro. Las futuras geishas llamadas “maikos” debían asistir a la escuela inoue, donde aprendían numerosas asignaturas del arte tradicional japonés – cantar, bailar, pintar, el Ikebana, la ceremonia de servir el té, tocar el laúd japonés – shamizen y conversar sobre cualquier tema. En compañía de una de las geishas mayores adquirían experiencia y después de varios años de entrenamiento durante la ceremonia “erikea” se convertían oficialmente en geishas.

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La rutina de una geisha podría ser la siguiente: se levanta sobre las diez de la mañana y empieza a entrenar como tocar el shamizen o a bailar. Repasa las letras de las canciones y poesías y luego se va a peluquería. El peinado da mucho trabajo ya que es muy complicado y tiene que ser perfecto. Esta visita es obligatoria por lo menos dos veces a la semana. Sobre las tres se baña en agua caliente,  lo más caliente que aguante. Se viste el kimono, se maquilla con el maquillaje blanco dejándose una pequeña parte de piel no cubierta para demostrar que solo está llevando una máscara. Luego espera la llamada de salón de té , donde la requieren sus clientes. La Geisha con sus clientes solo conversa, baila o canta. La relación íntima es posible sólo en el caso de que el cliente se convirtiese en su “protector”. Eso significa mantener a la geisha: comprarle kimonos caros, ropa de lujo etc.

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Aunque la profesión geisha puede parecer hoy algo controvertido, todavía pertenece a una de las más antiguas tradiciones japonesas. Si quieres conocer a una geisha auténtica y que te cuente su historia en primera persona vente con nosotras y Rosa María Calaf a Japón.